Adelantándose al agotamiento del primer panteón, a comienzos de 1960 la AIV compró un segundo lote de terreno de unos 3.000 m2 en el mismo Cementerio General del Sur, esta vez en la parte alta del camposanto en su extremo sur, al final de la vía. Lo que hasta el fin de esa década era un paraje de montaña, hoy está rodeado de barrios conformados por viviendas precarias, cuyos habitantes tienen esa vía como ruta de acceso.
La parcela, en forma de cuchilla, está conformada por una serie de lotes menores, resultado de un número variable de parcelas que la AIV tuvo que comprar a nombre de diferentes miembros de la institución, en cumplimiento de la restricción ya citada. Aunque el panteón es comunitario, es decir, todas las fosas pertenecen a la colectividad judía, y no a particulares, la AIV permitió la reserva de grupos de parcelas para configurar panteones familiares, como se había hecho en el otro. El primer entierro fue el de Morris Levis, el 22 de noviembre de 1961.
Como innovación con relación al primer panteón, en su construcción se incluyó un salón de mediano tamaño, que se usa para el esper, la elegía funeral, que se dice antes del traslado del cuerpo a la fosa. También se incluyó una guenizá, una fosa especial para enterrar libros y manuscritos sagrados deteriorados o fuera de uso. Todo el lote está protegido por un muro.
La proporción de lápidas con inscripciones solo en español es menor que en el primer panteón. La forma y material siguen la pauta tradicional, aunque hay mayor presencia de lápidas en granito color gris o negro, junto con el tradicional mármol blanco. Algunas, sin caer en la ostentación, reflejan la buena posición económica de la familia, evidencia de una comunidad que prosperaba en la Venezuela pujante de la segunda mitad del siglo XX. La recurrencia de apellidos de origen marroquí o mesooriental es similar a la del primer panteón; pero, los cohanim sí cuentan con una sección aparte.
El plano que se encuentra en los archivos de la AIV corresponde al plan maestro, pero no refleja la realidad actual, puesto que al panteón se le dio un uso más intensivo que el que muestra el plano, colocando sepulturas en una proyectada vía central, esas lápidas no aparecen en el plano. La numeración de las parcelas no sigue el orden cronológico de los fallecimientos, por lo que el plano tampoco sirve de guía para la ubicación de cada parcela. Todo esto se aclararía con el levantamiento planimétrico, pendiente de ejecución para posteriormente cotejarlo con las fotos de cada lápida.
A pesar del deterioro de su entorno, el panteón se encuentra en buen estado. Hay un total de 635 sepulturas, el último entierro tuvo lugar en la década de 1990 y ya no está en uso.